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Arévalo tiene marcos culturales antiguos, de indudable importancia cultural. Pero estos edificios tienen un valor añadido, su valor natural, al albergar una población muy numerosas de aves. Cigüeñas, vencejos, golondrinas y aviones deleitan al paseante y su presencia es una garantía de la calidad ambiental de nuestra ciudad. El que sigan criando y sobrevolando los tejados debería ser un empeño de todos.
En los parques y arboledas de la ciudad tienen destacada presencia las aves insectívoras, entre ellas carboneros y herrerillos. En otoño e invierno, existen importantes dormideros de Lavandera Blanca. Una especie de reciente expansión es la Tórtola Turca, también común en los bosques de ribera.
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