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Algunas zonas de relieve más deprimido en ocasiones acumulan las aguas de escorrentía de las lluvias otoñales. Entonces se forman lagunas poco profundas y de carácter temporal, pues como mucho permanecen con agua hasta el verano. Son las llamadas charcas, bodones o lavajos y que en tiempos pasados abundaban en nuestra comarca.
De ser consideradas insalubres e improductivas han pasado en la actualidad en espacios naturales de alto interés ecológico, entre otras razones por las numerosas especies de aves acuáticas que acogen. Las más importantes están incluidas en el catálogo de zonas húmedas de la Junta de Castilla y León y gozan de un régimen de protección. Otras muchas no están protegidas y su futuro depende de la capacidad de gestión de sus propietarios y de la sensibilidad ecológica de todos.
Las características de las aguas, como por ejemplo, más o menos profundidad, salinidad o mineralización, definen unas propiedades fisico-químicas que determinan el tipo de microorganismos y vegetación acuática de los lavajos. En ocasiones se trata de especies muy interesantes. Estos elementos constituyen el alimento para muchas aves, como por ejemplo los limícolas o algunas anátidas. Otras por el contrario se alimentan preferentemente en los campos del entorno y utilizan las zonas de encharcamiento como dormideros por la seguridad que les ofrecen; es el caso de las grullas.
Las épocas de migración y el invierno son las mejores para la observación de aves, siendo los momentos más propicios las primeras y últimas horas del día. Si los encharcamientos perduran al principio del verano es posible que algunas acuáticas aprovechen para nidificar. Entre las más frecuentes están el Azulón y la Cigüeñuela.
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