|
|

Las choperas y saucedas que jalonan los arroyos configuran una galería de verdor y frescor que serpentea entre los campos abrasados por la sequedad y el calor estival. En otoño, las tonalidades amarillas de sus hojas ponen una nota de intenso color en el paisaje pardo y ocre de los campos.
Estas arboledas han sido en algunas ocasiones taladas para de aumentar la extensión de la tierra cultivable o bien para aprovechamiento maderero. Es posible que entonces sólo quede un árbol convertido en triste vigía.
Las aves son las principales protagonistas de la fauna de los sotos fluviales. En invierno, las zarzas y espinos blancos sirven de refugio y dormidero a bandos de pinzones, jilgueros y pardillos, que durante el día se desplazan en grupos mixtos por los campos buscando semillas.
Durante el resto del año, entre la maraña de tallos y hojas espinosas se mueven innumerables pajarillos que, si bien casi no se ven, pueden ser escuchados sus cantos: la melodía tan variable del Ruiseñor Común o el traqueteo del reclamo de alguna curruca. Sobre el tronco de un chopo, el Pito Real golpea continuamente con su pico para oradar la madera y hacer el nido. Más arriba, entre las hojas de las altas ramas, la Oropéndola también construye su nido pendiendo de una horquilla.
|