Biología
Conservación


La Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia) es una zancuda de 100-110 cm de longitud. Dentro de su grupo, destaca por construir el nido sobre edificios, anidando rara vez en rocas y a veces en las copas de ciertos árboles. La condición es que existan en las proximidades zonas húmedas y campos abiertos dedicados a la agricultura y el pastoreo. La existencia de praderas encharcadas y lavajos es fundamental para la alimentación de las cigüeñas, que consiste en anfibios, insectos, ratones y otros pequeños animales. De hecho, el aumento de sus poblaciones depende en gran parte de la conservación y proliferación de este tipo de enclaves. No obstante, hay otro factor a tener en cuenta, los vertederos. A pesar de que aquí encuentran fácilmente comida, también les reporta muchos inconvenientes, como intoxicaciones o ingestiones de plásticos, que a veces causan su muerte.

Mucho antes de la llegada del día de San Blas, algunas ya en diciembre, muchas en enero y la mayoría en febrero, las cigüeñas retornan a los parajes donde nacieron. La mayor parte viene de tierras africanas, a las que emigraron antes del invierno, otras se quedan con nosotros durante los meses invernales, allí donde encuentran alimento. Cada verano, más de 50.000 cigüeñas cruzan el estrecho de Gibraltar para invernar en África. En total, recorren unos 3.000 kilómetros hasta alcanzar el río Níger, en Mali. Algunas llegan incluso más lejos, hasta Sudáfrica, a unos 8.000 kilómetros de sus áreas de cría.

Si hubiera que destacar un ave en Arévalo sin duda habría que fijarse en la Cigüeña Blanca. Sólo en el casco urbano hay una decena de nidos, el máximo entre los pueblos de La Moraña, mientras que en los pinares del entorno la cifra aumenta al doble. Tanto en los tejados de las antiguas construcciones como en la copa de los más altos pinos, los animales buscan seguridad, y en este pueblo sus gentes se la proporcionan.
 
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